Contacto humano y trauma

“donde sea que los seres humanos atraviesen sufrimientos y humillación, hay que ponerse del lado de alguien”.
“La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima”

Elie Weisel, premio Nobel de la Paz.

Las experiencias que tenemos a lo largo de la vida cambian la estructura y el funcionamiento del cerebro. Tratándose de traumas, el trauma cambia la autorregulación y la capacidad de mantenernos centrados y sincronizados con los demás. El cerebro está programado para fomentar el trabajo y la diversión con los demás. La interacción emocional es la base de quienes somos, es un error dejar esto de lado y centrarse en corregir pensamientos erróneos, suprimir emociones desagradables o comportamientos problemáticos. Intentan lidiar con emociones que se han vuelto insoportables debido a la falta de contacto humano y apoyo adecuado.

Comprender esto abre las puertas a intervenciones que pueden volver a conectar las áreas del cerebro relacionadas con la autorregulación, autopercepción y atención.

El obtuso rechazo de la psiquiatría a relacionar el sufrimiento psíquico con las condiciones sociales, suele agravar en lugar de mitigar el problema. Dejar de lado la política y limitarse a hablar de neurociencia y terapia es vivir en negación. Tratar el trauma ignorando sus orígenes es ir directo al fracaso. En nuestro mundo actual el código postal, los ingresos, la estructura familiar, el empleo, la vivienda, las oportunidades educativas, el aislamiento social, determinan más que el código genético si tendremos una vida sana y segura. La verdadera sanación pasa por reconocer nuestra humanidad común y nuestro destino común. Eso está lejos de una consulta tipo línea de montaje, quince minutos para un paciente,  “las pastillas le resolverán el problema, vuelva en tres meses, no tome alcohol ni drogas”.

¿Con qué está intentando lidiar esta persona? ¿Qué recursos internos o externos tienen? ¿Quién le conoce, le ama o le cuida realmente? ¿Con quién pueden contar cuanto está asustado o enfermo? ¿Desempeñan papeles vitales en la vida de otras personas? ¿Tienen a alguien que los conozca, afirme y quiera?

Como seres humanos, mientras nos sintamos contenidos de modo seguro en el corazón y en la mente de las personas que nos quieren, podremos cruzar desiertos, subir montañas, permanecer despiertos toda la noche para terminar proyectos. Si nos sentimos abandonados, inútiles o invisibles, nada parece importar.

Los comportamientos perturbadores empiezan como intentos frustrados de comunicar la aflicción, o sobrevivir. El trauma nos confronta con la fragilidad que tiene la personalidad que creíamos estable a lo largo de la vida, y con la inhumanidad del ser humano hacia otros seres humanos, pero también y sobre todo con la extraordinaria resiliencia que tiene la humanidad.

Identificar la verdad de una experiencia es esencial para superar un trauma.

Muchas veces no podemos ni imaginar cómo otros han podido lidiar con lo que les ha sucedido. Es importante saber que sus síntomas con parte de su fuerza, lo que les hizo sobrevivir. A pesar del sufrimiento terminaron siendo compañeros, amigos y madres o padres afectuosos, profesionales ejemplares. Es falso afirmar que un niño que ha sido golpeado será un niño violento. La mayoría de los grandes instigadores del cambio social conocen personalmente el trauma: Nelson Mandela, Maya Angelou, Elie Weisel. Muchos visionarios han tenido ideas y pasiones que han emergido de la devastación sufrida.

Cada nueva generación vive en un mundo que es radicalmente distinto del mundo anterior. Cada vida es única: un acto creativo por parte de su dueño que desafía cualquier explicación genética, ambiental o cultural.

Notas tomadas del libro: El cuerpo lleva la cuenta. Cerebro, cuerpo y mente en la superación del trauma, de Bessel van del Kolk

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